Una de las licencias que habitualmente se toma la creatividad es la capacidad de combinar elementos dispares para concebir ideas, negocios o productos nuevos.
Un ejemplo claro: las piruletas existen porque a alguien se le ocurrió un día combinar un caramelo con un palito.
Siguiendo este modo de pensamiento, alguien un día dijo (seguro que a altas horas de la madrugada): “¿Y por qué no mezclo Never gonna give you up de Rick Astley con la archiconocida Smells like teen spirit de Nirvana?”
Algún amigo suyo se descocó, al oír semejante gansada.
¿El resultante? Inaudito.
Y también sorprendente resultado con la brutal The hand that feeds de Nine Inch Nails.